La ansiedad es un trastorno que afecta a una gran parte de la población en algún momento de la vida. Los datos indican que alrededor del 7 por ciento de la población padece ansiedad. Las mujeres son las que más sufren esta enfermedad como consecuencia de los cambios hormonales y de la sobrecarga que asumen tanto en el ámbito laboral como en el hogar.
Sólo quién ha sufrido ansiedad sabe lo que supone vivir pensando en que en cualquier momento algo malo va a pasar, los músculos se agarrotan, llegan los mareos, sudores, temblores, el miedo irracional se apodera de ti. Muchas personas llegan a las urgencias de los hospitales o llaman a la ambulancia convencidos de que están sufriendo un ataque al corazón. Una vez son atendidos por los médicos, realizado pruebas médicas y descartado cualquier problema físico el diagnóstico es: Ansiedad.
Es importante que ante cualquiera de estos síntomas se ponga en contacto con un doctor.
Hay que tener en cuenta además que hay factores de riesgo que nos pueden dar pistas de que una persona es candidata para tener un accidente cardiovascular. Entre ellos: edad avanzada, tener un colesterol alto. Si tiene el colesterol total por encima de 240 mg/dl debe ocuparse de él con su médico y tratar de bajarlo. La diabetes, ser fumador, tener la tensión alta, no cuidar la alimentación, ser sedentario y tener sobrepeso.
En caso de ser consciente de estar ante un ataque de ansiedad debemos de establecer en nuestra vida unos hábitos que nos ayudarán en nuestra lucha. Los psicólogos y los expertos en medicina interna recomiendan hacer ejercicio sea yoga, pilates o bicicleta. Lo importante es que el cuerpo se beneficie de las endorfinas que generamos. La práctica de la meditación es muy conveniente. Hay numerosas aplicaciones que te pueden ayudar si no sabes como empezar con esta práctica milenaria. La alimentación juega un papel importante . Evitar tomar cafeína, teína, alcohol o cualquier sustancia estimulante.
Cambiar nuestros pensamientos
Quizás sea lo más difícil pero es fundamental darse cuenta de que lo que nos pasa a nivel físico es porque antes lo hemos pensado. Si vamos pensando por ejemplo en el metro: “Me agobio, que claustrofobia, quiero salir” nuestro cuerpo reaccionará, el cerebro se pondrá en modo alerta y lanzará mensajes al cuerpo de peligro. La ansiedad llegará sí o sí. Debemos cambiar los pensamientos catastróficos por otros que sean más racionales.
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