En ‘Planeta invernadero‘, su segunda novela, el escritor Rafael Navarro de Castro, que también es sociólogo y diplomado en Extensión y Desarrollo Rural, pone el foco, entre otras cosas, en aquellas prácticas que atentan contra los trabajadores de los invernaderos o contra el medio ambiente. Lo hace a través de su protagonista, Sara, una ingeniera agrónoma de 40 años que trabaja en un invernadero y es testigo de cosas que no aparecen en las etiquetas de los productos que compramos en el supermercado. El autor pone especial atención en el tema de los pesticidas en su segundo libro.
Navarro se plantea en una entrevista a BBC por qué todos seguimos comprando y comiendo alimentos que sabemos que está contaminados, como la carne medicada, los cereales transgénicos, el pescado repleto de microplásticos o los tomates con pesticidas. Afirma que la razón es que estamos metidos en una especie de inercia en la que no miramos de dónde vienen las cosas, y señala que debería verse muy claro de donde procede cada producto y «qué productos químicos tiene una naranja, unas acelgas, una lechuga o un tomate y luego que cada cual decida si se lo come o no».
Añade que detrás de todo esto está «el capitalismo y el productivismo«, y explica que, aunque mucha gente ha abandonado las zonas rurales, el Poniente Almeriense y la Corona Norte en Huelva sí se han desarrollado tecnológicamente «porque tenían acuíferos subterráneos y buenas condiciones meteorológicas«, y han sabido rentabilizar sus cultivos gracias a los invernaderos.

Pero esto a su vez conlleva dos grandes problemas: la explotación laboral y la destrucción medioambiental, ya que tal y como explica, con los invernaderos se consigue producir durante todo el año, multiplicando así las cosechas y la cantidad del producto. Esto a su vez tiene un gran coste medioambiental que se deja ver sobre todo en la contaminación del suelo y el agua, además de la «sobreexplotación de los acuíferos y una contribución al cambio climático impresionante porque todo esto se hace a base de energía y de química», explica.
El autor, además, reconoce que la gente prefiere no saber qué contiene la lechuga, el tomate o la fresa porque si no no comería, pero sin embargo él sí reivindica «el derecho a saberlo» y recuerda que «se sabe que los pesticidas son cancerígenos» o que «afectan al sistema hormonal o al sistema reproductivo», explican desde Cadena Ser.
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