¡No podemos vivir con rencor! Te traemos los 4 pasos fundamentales para aprender a perdonar

María Aragonés
Archivado en: Maná  •  

Todos y todas hemos sufrido traiciones a lo largo de nuestras vidas. Al principio es natural sentir ira y rencor, pero deberíamos enfocar estas emociones como algo pasajero. A largo plazo, es importante dejar a un lado el odio o la venganza y así poder avanzar. Dicho de otra forma, es importante aprender a perdonar. Puede parecer difícil, pero hará que nos sintamos mucho mejor con nosotros mismos y con los demás. Por eso hoy, en ¿Qué falló en lo vuestro?, os traemos los 4 pasos fundamentales para aprender a perdonar.

1) No olvides el significado de perdonar

Normalmente asumimos que para perdonar a alguien tenemos que darle una nueva oportunidad, pero no tiene por qué ser así. Perdonar consiste en aparcar el rencor y seguir adelante, independientemente del rumbo que escojamos. Es beneficioso para el resto, pero sobre todo lo es para nosotros mismos.

 

2) Intenta ponerte su lugar

Quizá quien te hizo daño tenía motivos para comportarse así o simplemente no fue consciente de sus actos. Puede que no pase por un buen momento o que arrastre muchas heridas de su pasado. Si queremos perdonar a la otra persona y avanzar, es muy útil empatizar con ella.

 

 

3) Desahógate

No hay mejor forma de cerrar un capítulo que hablar cara a cara con la persona implicada y explicarle que le has perdonado. Pero si no eres capaz no te preocupes, un buen ejercicio es escribirle una carta perdonándole. No tienes por qué enviársela, lo importante es que consigas desahogarte y exteriorices tus sentimientos.

 

4) Déjate ayudar

Si nos estancamos en un suceso determinado de nuestra vida, la mejor opción es buscar ayuda profesional. Es la mejor forma de entender nuestros propios sentimientos, procesarlos y avanzar. Así conseguiremos vivir sin rencor y seguir adelante.

 

 

En resumen: es importante avanzar y alejar de nuestras vidas el rencor y el resentimiento. Todo ello sin dejar de mirar por nuestro propio bien, siendo conscientes de quién merece una segunda oportunidad y quién no.

 

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