El alimento más sano para nuestro cerebro no se come

Nuria Serena

La meditación es el alimento más sano para nuestro cerebro y ya ves, no se ingiere.

Muchos de nosotros tenemos la mente ocupada la mayor parte del tiempo, ya sea trabajando o haciendo cualquier cosa en nuestro día a día.

Y es que tenerla ocupada no es significado de una actividad externa solo, también puede ser una tarea intrínseca, por lo que para nuestro cerebro no hay descanso alguno, de hecho, debido a eso, muchas veces nos sentimos cansados, abrumados, estresados… lo que da lugar a que en ocasiones estemos irascibles con los demás y/o susceptibles ante cualquier cosa que nos pase.


Cuando experimentamos esa sensación de estrés incontrolado en nuestro cerebro, lo primero que intentamos, como cualquier persona que tiene un problema, es solucionarlo, y para ello, comenzamos a pensar en cómo curarlo, olvidando que es el pensamiento lo que nos ocasiona todo ese estrés inicial, dando lugar a un círculo vicioso que nunca termina.

A lo largo de estos últimos años, el ser humano ha investigado y experimentado con millones de fármacos para obtener soluciones químicas que arreglaran esa tendencia a sentirnos mal con nosotros mismos, lo que ha resultado ser, una tirita para una operación a corazón abierto.

Finalmente, con los últimos estudios realizados con monjes budistas se ha hallado una forma natural que genera cambios notorios, importantes y positivos en nuestro cerebro.

¿Cómo se consiguen estos cambios sin alimento? Con la meditación

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Sorprendentemente, la meditación, es el mejor alimento para nuestro cerebro, pues le da aquello que necesita: descanso.

Cuando meditamos, algo cambia dentro de nuestra cabeza, hay estudios que demuestran que tras un pequeño periodo de tiempo practicando la meditación, la persona es capaz de lograr cambios físicos y psíquicos, cambios reales que se dan sobre ciertas zonas del cerebro que están asociadas con el aprendizaje, la memoria y las relaciones; el hipocampo, el prefrontal y la amígdala.

¿Por qué hablamos de cambios significativos?

En el estudio realizado sobre estos monjes budistas se pudieron observar variaciones muy evidentes en sus cerebros como un aumento del tamaño del hipocampo y el prefrontal. Esto mejora las relaciones, el aprendizaje, el control de las emociones, la velocidad del corazón y la presión sanguínea…

Y a su vez se pudo verificar una disminución de la amígdala, que es la zona asociada al estrés, la ansiedad, el miedo, la rabia…

Estos cambios sustanciales son muy importantes para una persona, pues su cuerpo, su actitud, su forma de actuar para consigo o los demás se ven afectadas de forma positiva.

 

¿Cómo debemos meditar?

Lo ideal sería contar con un profesional que nos guíe y nos ayude, no obstante, en el caso de que no podamos disponer de alguno, existen millones de App, programas, canales de YouTube, podcast e, incluso, series en plataformas de televisión dedicados a dar sesiones de meditación.

Consejo:

Dedicarte un tiempo cada día a ti, por mínimo que sea: el cuerpo y la mente lo agradecerán, y no olvides que lo importante no es hacer el ejercicio en sí, sino lo que nos trasmite.

A a lo largo de la práctica progresiva, nuestra capacidad de meditación mejorará y lograremos llegar a ese lugar, a ese refugio donde lograremos la paz, de cuerpo y alma sin a penas esfuerzo.